Quienes Somos

Agrupación Extremeña de Alcorcón, es un colectivo cultural, filantrópico, democrático y sin ánimo de lucro que, basado en la libertad y la justicia, esta abierto a cuantas personas acepten los principios inspiradores de ésta.

Basados en estos principios, sus fines son:

Agrupar a extremeños y simpatizantes residentes en Alcorcón y en la Comunidad Autónoma de Madrid, que sientan, velen, protejan y defiendan todo lo que se relacione con la cultura, la ecología, la educación, el deporte, la sanidad, el voluntariado, y aquellos otros que tiendan a promover el interés general y social, siendo vehículo de solidaridad con los grupos más desprotegidos de la sociedad.
Historia

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Historia de la Emigración Extremeña

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HISTORIA DE LA EMIGRACIÓN EXTREMEÑA

 La Emigración Extremeña constituye sin duda alguna uno de los hechos más importante y a la vez más triste de la Historia de Extremadura. Y aunque es en el Siglo XX cuando se produce el gran éxodo emigratorio extremeño. Ya en el Siglo XVI, Extremadura se convirtió en uno de los principales focos de emisión de emigrante a Ultramar. El 18% de los emigrantes registrados en el Archivo de Indias de Sevilla eran de origen extremeño, en tanto que Extremadura solo acogía en su territorio al 6,4% de la población de España.

Si los historiadores calculan que hasta el año 1.600 fueron unos 200.000 españoles los que emigraron a las Indias. Podemos decir, que durante el Siglo XVI, unos 32.000 extremeños salieron de la Región hacia el Nuevo Continente, de los cuales más de 2.000 eran mujeres.

Y aquí viene la  pregunta: ¿Esos 32.000 extremeños y extremeñas,   emigraron a América buscando fortunas y honor como se nos ha venido diciendo?, o ¿Emigraron porque la tierra donde habían nacido no les daba de comer?.

Porque  a Ultramar no solo viajaron  los Conquistadores que luego llegarían a ser famosos, como: Cortes, Pizarro, Orellana, etc. Ya que según estudios realizados,  la gran mayoría de los extremeños que emigraron eran sencillos vecinos de los pueblos, de todo tipo de profesiones, incluyendo a familias enteras con mujeres y niños.

Para poder comprender porque ese gran número de extremeños emigraron América en la época de la Conquista y Colonización, es necesario conocer la realidad Socio-Económica de Extremadura en aquel tiempo. Terminada la Reconquista de Extremadura en 1.232, los Reyes procedieron a la demarcación de términos y a la repoblación del territorio mediante la promulgación de los Fueros y Cartas-Puebla.

Los servicios prestados por los “Señores Feudales” a los Reyes para su Reconquista, motivo la implantación en la Región de los grandes “Señoríos”. Teniendo estos,  un incremento espectacular de tierras  por adhesión de las comunes en los siglos XIV y XV. Baste señalar que en la época del Descubrimiento de América,  de los aproximadamente 40.000 km. cuadrados de Extremadura, el 23% de ella eran tierra de Realengo.

La alta nobleza compuesta por grandes y ricos hombres, protagonizo un proceso de acumulación de tierras en extensos dominios, dedicadas generalmente solo a pasto, hecho que influyó negativamente en el posterior desarrollo económico de Extremadura.

Sirva de ejemplo de que  el  Duque de Alba llego a ser dueño y señor de 46 pueblos, y que el Señorío de Feria, en poder de los Suarez de Figueroa llego a poseer 100.000 hectáreas donde habitaban 3.000 vecinos y 18.000 vasallos.

Hecho parecido sucedió con las Ordenes Militares de origen extremeño, de Santiago y Alcántara, ya que al  considerar el Papa la Reconquista como una “Cruzada” contra los infieles,  estas desempeñaron una labor muy importante, lo que posteriormente conllevo que fueran premiadas con unas grandes extensiones de terreno.

La Orden de Santiago recibió una extensa franja de terreno que iba desde el partido de Montánchez hasta el límite sur de Extremadura, y que abarcaba el espacio comprendido entre el Concejo Pacense, Medellín y la mitad sur de la Serena.

A finales de la Edad Media los dominios de esta Orden sumaban más de 10.000 km cuadrados; superficie superior a la cuarta parte de Extremadura. En sus territorios además se encontraban las tierras más fértiles de la Región: las Vegas del Guadiana y la Tierra de Barros.

La Orden de Alcántara, por su parte recibió un ancho espacio junto a Portugal que se extendía desde el norte de la Región, (lo que hoy es la Sierra de Gata),  y traspasaba la Sierra de San Pedro, más allá de San Vicente.

Así como la rica comarca de la Serena, que entonces se extendía hasta parte de lo que hoy es la provincia de Córdoba, con la Encomienda de Benalcázar, lo que sumaba la no despreciable cantidad de 9.000 km cuadrados.

         Este reparto del terreno, unido a que una vez Reconquistada Extremadura, su territorio paso a ser parte de la Corona de Castilla,  llegándose a conocer como “La Dehesa de Castilla” y sus tierras destinadas para el desarrollo de la ganadería trashumante.

Supuso la creación en su seno de una estructura agraria compuesta por grandes fincas destinadas generalmente para pasto del ganado ovino, y por una débil agricultura local constituida por pequeños labradores, que solo contaban con los propios, comunes y baldíos para sembrar y dar de comer a su ganado.

A lo que hay que añadir, que diez años antes del Descubrimiento en 1.480,  los Reyes Católicos dictaron la Real Cedula que definitivamente ponía la ganadería trashumante por encima de la agricultura local extremeña, ya que: “Obligaba a los campesinos a abandonar las tierras comunales cultivadas por ello para dedicarlas al pastoreo de ganado ovino”.

 A partir de entonces, los ganados mesteños campearan a sus anchas por las tierras extremeñas en detrimento de la agricultura, llegándose a veces a tener que pagar los agricultores extremeños a la Corona para poder sembrar en el términos de sus pueblos, creándose un conflicto permanente a los largo de la historia de Extremadura, entre los grandes ganaderos de la Mesta y los pequeños campesinos extremeños.

Un ejemplo de las dificultades que tenían los labradores extremeños para cultivar su tierra, lo encontramos en  Alméndralejo.

Dicha localidad cerró con el Rey, una negociación por la cual su Concejo se comprometía a entregar a la Corona 32.000 ducados con la condición de que durante 40 años pudiese roturar 400 fanegas de sus pastos para dedicarlas a labor y entregarlas en renta a sus vecinos para que las pudieran labrar.

Por todo lo anterior, no es de extrañar que a finales de la Edad Media, la fisonomía de Extremadura era la de un amplio territorio,  de numerosas dehesas de pasto, lugar de pastoreo del ganado trashumante, a cambio de lo cual los dueños de las tierras, recibían grandes rentas y además seguras de cobrar, por el poderío de los dueños de los ganados.

Con esa coyuntura, no es de extrañar que en el año 1.557 en la Ciudad de Trujillo, el 50% de su población fueran pobres. Ese año los encargados de asignar los tributos dividieron a la población en cuatro grupos:

              Los que tenían buena hacienda eran el 5%.

              Los que tenían para comer eran el 5,6%.

              Los que tenían algo eran el 38,6%.

              Y los pobres eran el 50,5%.

Así pues, la sociedad extremeña presentaba en la época de la Conquista y Colonización una Pirámide con una estrecha vertiente formada por el grupo nobiliario y una gran base compuesta por el campesinado, y entre ambas pero muy cerca de la base se situaban aquellos individuos ocupados en actividades administrativas, comerciantes, artesanos, docentes, etc.

Por todo ello, podemos decir, que la gran mayoría de los extremeños y extremeñas que emigraron América en el Siglo XVI no lo hicieron como se nos ha venido diciendo durante mucho tiempo en busca de “Fama y Honor”.

Sino que lo hicieron porque la vida en Extremadura era muy difícil y la emigración era una de las salidas que tenían para remediar su situación.

Análisis este que no compartía el escritor extremeño, Jose Lopez Prudencio en su libro “Extremadura y España” escrito al principio del siglo XX.

En el libro, el escritor se pregunta: ¿Fue una mera casualidad el alto grado de participación de extremeños en la conquista de América?.

Y el mismo se contestaba, que las casualidades son raras en historia. “Así como que no se podía achacar dicha participación a la situación de pobreza que se vivía en Extremadura como defendían algunos historiadores. Pues esa situación era muy similar a la que existía en otras regiones y con más habitantes que Extremadura, su participación fue menor”.

Para él la gran aportación, fue motivada por que Extremadura siempre participo en los hechos históricos sucedidos en España, y al ser el Descubrimiento y la Colonización de América uno de los más importantes, era normal que la participación extremeña también lo fuera.

Sea de una forma o de otra, lo que sí es una realidad que  esa emigración vino agravar aún más la despoblación de la Región.

Según el estudio elaborado en 1.517 por Fernando Colón titulado “Descripción y cosmografía de España, 1517-1523”, en la Región Extremeña solo existían en aquella época 64 núcleos urbanos, que se pudieran llamar pueblos y solo nueve superaban los 5.000 habitantes.

Badajoz………………………..…………………10.378

Llerena……………………………..……………...7.644

Jerez de los Caballeros………........…........…...7.263

Albuquerque……………………......…...…….....6.712

Plasencia…………………………...…….….......6.449

Cáceres……………………...……..……..…......6.171

Brozas……………………..……….……………...6.075

Trujillo…………………………..…..……………..5.846

Garrovillas.........................................................5.449

Por otro lado, debido a su situación geográfica, Extremadura siempre desempeñó el papel de territorio de frontera frente al vecino Reino de Portugal. Esa circunstancia marcó la historia de la región prácticamente hasta la Edad Contemporánea.

Durante los siglos XVII y XVIII, la emigración extremeña fue casi inexistente; pero no porque hubiera cambiado la situación socio-económica de Extremadura; sino por la decadencia y el retroceso que sufrió toda la Región como consecuencia de las sucesivas: guerras con Portugal, epidemias, plagas de langostas y sequía que azoto varios años a la Región.

Estos hechos aunque agravaron  aún más la situación económica de Extremadura, llevaron aparejados unas pérdidas importantes de población, que supuso una adaptación natural de la población a los recursos.

Así debido a la gran epidemia que hubo entre 1596 a 1602, la población en Extremadura disminuyo considerablemente, como lo demuestra que en las primeras décadas del Siglo XVII:

Badajoz perdiera el 55,7% de su población

Jerez el 41%

Trujillo el 37,6

Alcántara el 36,8

Y Almendralejo el 27,3%

En cuanto a las Guerras se refiere, especialmente dura fue la “Guerra con Portugal”  de 1640 a 1668, librada en gran parte en tierras extremeñas. Los portugueses, hacían continuas incursiones en Extremadura, quemando pueblos, arrasando cosechas y robando ganado.

Talavera la Real, Barcarrota, Burguillos del Cerro, Casar de Cáceres, Montijo, Villar del Rey, Valverde de Leganés, Villanueva del Fresno, Valencia del Mombuey, Alcántara, Badajoz, Alburquerque, la Codosera, Zafra y Feria, entre otras localidades, fueron presas del pillaje.

Muchas de estas poblaciones perdieron hasta la mitad de sus casas y más del 40 % de su población. 

El Informe Municipal de la Villa de Cáceres lo cuenta así: “La provincia de Extremadura es la que más padece los efectos de una Guerra tan dilatada, siendo la Villa de Cáceres entre todas, la que por su repetidas contribuciones a los ejércitos tanto en personas como en bienes, le ha supuesto la pérdida de un tercio de sus vecinos y un estado de decadencia que conlleva a que la mayoría de su población raye la indigencia”.

Pero como las desgracias no viene sola. Aún no se había recuperado Extremadura de la guerra con Portugal,  cuando en 1702 estalló en España la “Guerra de Sucesión” entre Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, y el archiduque Carlos de Austria.

En mayo de 1.704 el archiduque Carlos, apoyado por portugueses e ingleses, partió desde Lisboa en dirección a tierras extremeñas, y  Felipe de Anjou salió a su encuentro concentrando en Plasencia a unos 40.000 soldados.

Aunque desde 1707 la guerra se inclinó a favor del bando francés, los combates y las devastaciones se prolongaron en territorio extremeño prácticamente hasta 1711. De nuevo muchas localidades extremeñas, como Badajoz, Burguillos del Cerro, Alcántara, Valencia de las Torres o Valverde del Fresno, perdieron más de la mitad de sus casas y, en algunos casos, más del 50 % de su población.

A pesar de lo sucedido, a lo largo del siglo XVIII se produjo un incremento de la población, y algunas mejoras en la agricultura y en el trabajo de los artesanos, pero a finales de siglo, de nuevo las crisis hicieron que el crecimiento demográfico y con ello el económico sufriera un retroceso.

Según el censo de Campoflorido de 1.712,  Extremadura tenía 54.393 vecinos, lo que suponía una población aproximadamente de 250.000 personas. Y el de Floridablanca de 1787, elevaba la población 416.922 personas.

Según este último  Censo, el número de ciudadanos que ocupaban su territorio, relegaba a Extremadura al penúltimo lugar en el conjunto español, ya que tenía una densidad de 9,5 habitantes por kilómetros cuadrado, frente a una media nacional de 22,9.

A la baja densidad de población hay que unirle la falta de núcleos urbanos con gran población. Solo once villas y ciudades superaban los 4.000 habitantes en aquella época.

Estos datos manifestaban, que en Extremadura se estaba produciendo una despoblación muy preocupante, especialmente en algunas zonas de Cáceres.

Esa era también la  opinión del historiador,  Antonio Pons, que en sus escritos sobre “Viaje por España de Plasencia a Monfrague” de 1.784 manifestó:

“Terrible la de muchos pueblos de Extremadura, que a sus moradores no les haya quedado otro remedios para vivir, que abandonar sus hogares, como lo hacen continuamente con gran daño para la población y el Reino.

Todos los días va a más la destrucción de esta bella, y pingüe Provincia de Extremadura; y si no se pone remedio, vendrá a reducirse a un desierto, según el paso que lleva”.

Por otro lado, la situación de la gran mayoría de la población extremeña en ese tiempo, era de pura indigencia.

Un ejemplo  de ello, lo tenemos en el pueblo de Brozas.  Según el “Catrasto del Márquez de la Ensenada”, recogía, que de las 42.633 fanegas que tenía su término; 28.833 (el 67,8%) estaban dedicadas solo a pastos para el ganado trashumante.

         Ello daba lugar, a que los 336 jornaleros que había en el pueblo solo pudieran trabajar una media de 120 días al año. Siendo el jornal  3 reales, lo que a duras pena le daba para comprar  los días que trabajaban, poco más que un cuartillo de aceite o dos libras de pan para dar de comer a su familia.

Lo que conllevaba que la mayor parte del año no tuvieran garantizada su subsistencia, por lo que era corriente verles mendigar por las calles o el tener que robar productos del campo para poder dar de comer a sus hijos.

En cuanto a la pérdida de población,  durante esos  dos siglos Extremadura perdió 112.507 habitantes; pasando de tener 540.000 en  1591 a tener 428.439 en 1.799; empezando igualmente a perder población respecto a España.

A la pérdida de población, hay que añadir el agravamiento del conflicto que mantenían los agricultores locales y los poderosos ganaderos organizados en torno a la Mesta sobre las tierras comunales y los baldíos.         Tal era el potencial económico que tenían los ganaderos; que  consiguieron que la Corona apoyase otra vez  su petición de:

  • Más tierras para pastos.
  • Y el derecho de paso del ganado por las tierras de labranza.

En 1.764, el Diputado a Cortes por la Provincia de Extremadura, D. Vicente Paino presento un “Memorial ante el Rey”, al objeto de fomentar en la Región la agricultura y corregir los abusos de los ganados trashumantes.

En el mencionado Memorial, el diputado le manifiesta al Rey, la situación en la que vive el campesinado extremeño; ya que las mejores tierras son ocupadas por los ganaderos trashumantes, dejándoles a estos para sembrar las peores y los baldíos.

Ante dichas acusaciones, los ganaderos a través de La Mesta le expusieron al Rey: “Que eran los propios labradores ricos de la Región los que provocaban el hambre entre sus naturales, por los altos precios que ponían al arrendamiento de sus tierras”.

Así como que: “Extremadura era un país estéril, inapropiado para la agricultura y que solo podría sostenerse dedicándolo a la cría de ovejas, como había ocurrido durante toda su historia”

 

También los agricultores locales denunciaban  su situación ante la Corona.

Así en 1.790, el Gremio de Labradores de la Villa de Alcántara le pedía al Rey: “Se le concediesen 6.000 fanegas de tierra de labor en las dehesas de la villa”.

En el informe, le observaban que Alcántara era uno de los pueblos más pobres y necesitados de Extremadura, porque los naturales se ven privados de las tierras adehesadas más fértiles y solo pueden cultivar las peores y los baldíos; ya que de las 86.000 fanegas que tenía el término 55.000 (las mejores) estaban ocupadas por ganaderos trashumantes.

Otro gran problema general que afectaba a Extremadura, era la mala distribución de las tierras.

El Corregidor de Badajoz denunció por las mimas fechas,  la situación que generaba el reparto de la propiedad en su jurisdicción: “En una agrupación de 1.000 vecinos, entre 40 y 100 vecinos cosechaban toda la tierra, y los 900 vecinos restantes no cosechaban prácticamente nada”.           

Similar situación se daba en  Trujillo y Don Benito donde además de la poca tierra libre, sólo el 34 % tenían yuntas para trabajar, el resto no tenían ni yuntas ni posibilidad de tierras

Por otro lado, en 1.775 los partidos de: Alcántara, Badajoz, Mérida, y Plasencia  acudieron al Consejo de Estado exponiéndoles: “Los perjuicios y agravios que padecían sus vecinos, por lo costoso y distante de los tribunales superiores”, por lo que proponían la creación de una Audiencia para Extremadura.

 

Reinando ya Carlos IV, el día 3 de mayo de 1.790 dictaba la pragmática sanción por la que se creaba la Real Audiencia de Extremadura que tendría su residencia  en la Villa de Cáceres.

Y el 27 de abril de 1.791 tenía lugar el  “Solemne Acto de Apertura”,  durante el cual el extremeño, Juan Meléndez Valdés pronuncio un discurso en el manifestó: “Todo está por crear en esta tierra y se confía hoy a nosotros: sin población, sin agricultura, sin caminos, sin industrias, ni comercios, todo pide, todo solicita y todo demanda.

Hemos de escuchar cada día sus clamores o quejas, hemos de ir a atenderlos de cerca, a conocer su estado y sus necesidades para pódelas remediar más acertadamente”.

Establecida la Real Audiencia, fue presentada en la misma una Denuncia, que resulta ilustrativa para comprender cual triste era la situación por la que atravesaba el campesinado extremeño.

         La Denuncia decía así: “Los trashumantes se han hecho dueño de más de 80.000 fanegas de tierra de labor en el partido de Badajoz; de 104 dehesas del termino de Alcántara; de 35 de las 43 que fueron destinada al cultivo en él termino de Trujillo; que en Plasencia por privilegio de los Reyes Católicos debían de labrarse la cuarta parte de todas sus dehesas y no se labran; y que en Don Benito tiene asignada cada yunta de bueyes cinco fanegas, cuando debía tener cincuenta”.

Esta aniquilación de la agricultura, seguía  el informe ha producido en Extremadura sus efectos naturales: POBREZA Y EMIGRACIÓN.

Y es que como escribió el historiador californiano Julio Klein, uno de los tratadistas que mejor ha estudiado la Mesta: “El conflicto, era algo más de  una lucha de intereses agrícolas contra ganaderos. Era una lucha de clase entre los débiles labradores locales y los poderosos ganaderos de la Mesta”.

A terminar el Siglo XVIII, distintos autores, como Meléndez Valdés,  se refirieron a Extremadura, con una visión pesimista de su situación general: “Desertización, falta de industrias, abundancias de tierra incultas, y miseria”.

El siglo terminaba y la postración era uno de los rasgos definitorio de Extremadura, y al mismo tiempo un reto para el nuevo siglo que comenzaba.

Un ejemplo ilustrativo de cuál era la situación en los pueblos extremeños al final del XVIII lo tenemos en la Carta que el Presbítero de la Iglesia Santa Maria la Mayor de Brozas escribió al Obispo de Coria.

En ella, le dice: “A mediados del siglo que acaba de finalizar, se inició en esta Villa un periodo de decadencia que ha ido acentuándose más y más con el trascurso de los años.

No es mi ánimo investigar las causas de este triste fenómeno; pues son en mi sentir bastantes complejas, si bien creo que figura entre las principales la pésima constitución de la propiedad agraria y la desamortización que privo a los labradores y ganaderos locales que forman el núcleo principal de la población de los baldíos y aprovechamientos comunales, pasando a pertenecer casi todo el vasto termino municipal a forasteros que consumen fuera de aquí sus rentas.

Lo cierto es, que el antiguo bienestar material se ha desvanecido como el humo; que una pobreza rayana en la miseria oprime  su descarnada mano a la mayor parte del vecindario; que la clase proletaria excesivamente numerosa, experimenta durante el invierno los horrores del hambre y que la falta de medios de subsistencia ocasiona una emigración muy considerable, perdiendo la localidad mucha de la población e importancia que antiguamente la distinguiera”.

El Siglo XIX  comenzó con la gran crisis de 1.803-1.804 consecuencia del proceso demográfico y económico vivido por la región sobre todo en la segunda mitad del siglo anterior y por unos años de cosechas escasas que provocaron una brusca subida en los precios de los cereales, cuya secuelas se prologaron prácticamente hasta el inicio de la Guerra de la Independencia.

La solicitud de numerosos pueblos solicitando se tomaran las medidas oportunas para emplear a la ingente masa de jornaleros, obligo a los poderes públicos a tomar una serie de medidas encaminadas a paliar el hambre, y de ese modo evitar que se produjeran asonadas y motines de la población.

Tal era la situación, que en 1.803 hasta el Obispo de Coria se vio en la necesidad de repartir más de 39.700 reales entre los vecinos más pobres de: Hoyos, Coria, Santa Cruz, Ahijar, Alcántara, Brozas, Membrio, San Vicente, y varias alquerías de las Hurdes.

En el Siglo que acababa de comenzar, van a suceder dos hechos muy importante que van a influir notablemente para que se abra de nuevo la puerta de la emigración:

El primero fue la promulgación en 1.812 de la Constitución de Cádiz, por la cual quedaba abolida la pena de confiscación de bienes que existía hasta la fecha para los que emigraban a Ultramar.

Abierta la posibilidad de emigrar América; los extremeños emprendieron la segunda “conquista”, pues de 1.850 a 1.900, un gran número de extremeños emigraron a las distintas naciones de América del Sur y Central en especial a Argentina, ya que su Constitución de 1.853 reflejaba el espíritu poblacionista de “Gobernar es Poblar”.

Todo ello a pesar de la Orden de 27 de mayo de 1856, que prevenía del peligro de la emigración América, a la vez que informaba de la necesidad de mano de obra en España con motivo de la puesta en marcha del Plan de los Ferrocarriles Españoles.

         Y el segundo hecho, fueron la desamortización de Mendizábal de 1836 y sobre todo la de Madoz de 1.855, por las cuales la gran mayoría de bienes de propios y comunes de los pueblos y comunidades de vecinos, pasaron a manos privadas, agravándose aún más la situación del campesinado extremeño, que se quedó sin tierras para labrar ni baldíos donde dar de comer al ganado.

         Se calcula, que en Extremadura se pusieron a la venta unas 34.000 fincas lo que supuso un 1.300.000 hectáreas (casi el 32% de la superficie total de la Región).

Las desamortizaciones que tenían que servir según Mendizábal para: “La división de las grandes propiedades para reducirlas a suertes que estén al alcance de los ciudadanos honrados y laboriosos”. Sirvieron para todo lo contrario; ya que el 36% de las tierras desamortizadas pasaron a manos de la burguesía absentista y otro 38% a grandes propietarios y labradores acomodados de las ciudades y pueblos extremeños.

        

Y es que en el fondo, el objetivo final  de las desamortizaciones no era el reparto de tierras a los campesinos; sino la obtención de recursos económicos para el Estado, como expuso el Ministro de Hacienda Madoz en la presentación de la Ley de 1.855.

  Por ello, desde el principio Extremadura entera se opuso a la Desamortización, pero no porque los extremeños fueran insolidarios; sino por la repercusión tan negativa que la venta  iba a tener en el campesinado extremeño, ya que estas tierras eran esenciales para poder seguir sembrando y para poder dar de comer  a su ganado.

         Durante la tramitación de la Ley en las Cortes, los diputados extremeños hicieron una defensa a ultranza de Extremadura en general y en particular de sus campesinos.

Así el diputado cacereño Gordinez de Paz expuso: “Los campesinos extremeños tendrán que sufrir la Ley  del propietario y la sufrirán con fuerza, un año venderán una mula y otro un buey, hasta quedar reducidos a  la triste condición de jornalero”.

 Este será el resultado inmediato de la desamortización de los Bienes de Propios.

Y se preguntaba:  ¿Quien vendrá a sucederles?. Contestándose él mismo: “Vendrán a labrar sus antiguas tierras los absentistas- capitalistas y a pastar en ellas las grandes ganaderías trashumante”.

Igualmente, el diputado por Badajoz, Juan Andrés Bueno en la Sesión de las Cortes celebrada el 27 de marzo decía: Que alguien debía ser sacrificado por las circunstancias en que se encuentra el Estado y este sacrificio por lo visto le toca a Extremadura. 

Y exponía: He recibido representaciones de 120  pueblos que se oponen a la venta de los Bienes de Propios y una de esas representaciones me decía: “Que la venta de dichos bienes, obligaría a todos los vecinos a emigrar a otros países  en busca de un trozo de pan”.

         A pesar de la oposición de los diputados extremeños y de la gran mayoría de los pueblos de la Región, el proyecto fue aprobado,  y el día 1 de Mayo de 1.855 se promulgaba la Ley. Ley por la que el campesinado extremeño sufría un duro revés y la pérdida de uno de sus más tradicionales medios de vida.

         Las 39.000 hectáreas enajenadas en el término de Cáceres; las 32.800 en Trujillo; las 21.700 en Alía; las 14.400 en Brozas o las 11.000 vendidas en Logrosan y Cañamero, dan una idea de la repercusión  que las desamortizaciones tuvieron en Extremadura.    

         La Desamortización es para muchos historiadores, el hecho más negativo que ha sufrido Extremadura en toda su historia.

Porque la concentración de la propiedad en manos de unos pocos y mayormente absentistas, hipoteco su desarrollo socio-económico, estrangulando la posibilidad de un desarrollo industrial; ya que la expulsión de los campesinos de las tierras enajenadas, conllevo un aumento considerable del número de jornaleros, lo que supuso unos costes sociales muy elevados como son: Pobreza, emigración y despoblación.

 A la vez que la gran oferta de mano de obra en el campo, dispuesta a trabajar por salarios de hambre, freno la modernización de la agricultura.

Y es que no hay que olvidar, que con la desamortización los Terratenientes-Absentistas se habían hechos dueños del:

              68% del término del Partido de Puebla de Alcocer.

              60% del término del Partido de Albuquerque

              56% del término del Partido de Fregenal de la Sierra

              49% del término del Partido de Fuente de Canto.

Ante la creciente conflictividad que se vivía en la sociedad por las desigualdades sociales en el mundo rural. 

En 1.890 las Cortes aprobaron la creación de la “Comisión de Reformas Sociales” para conocer el alcance real del problema agrario en Extremadura y  Andalucía.

En 1.892 dicha comisión realizo un “Informe sobre el Campo Cacereño” en el que entre otras cosas decía:

“La mayor parte de la propiedad en esta provincia está en pocas manos. Existen además un número de pequeños propietarios; pero la suma de sus propiedades no supera el 15% del total de la provincia”.

 Diez años más tarde elaboro un nuevo Informe sobre “La gravedad en que se encontraba asumido el campesinado extremeño”. Según dicho informe, en la provincia de Cáceres había 40.000 jornaleros, el 13% de su población, siendo el salario medio de un jornalero 4 reales, pudiendo llegar a las 2 pesetas en la época de la siega y del esquileo, y puntualizaba: “Jornal insuficiente para poder mantener  una familia”; ya que solo en pan gastaba la mitad de su salario.

Como los jornales del padre difícilmente le permitían aún en años normales, atender las necesidades básicas de la familia, se hacía necesario el esfuerzo laboral de todos los miembros de la casa.

Por ello, la asistencia a la escuela de los hijos de los jornaleros, era un lujo que no estaba a su alcance. Pues no hay que olvidar, que las labores propias de un bracero durante el año eran: El esquileo en abril; la siega de los cereales y recolección hasta agosto; en octubre la sementera y después la montanera. En el mejor de los caso  entre unos 160 y 170 días al año, el resto generalmente estaba parado.

Por aquella época, D. Miguel de Unamuno decía sobre nuestra Región: “La ganadería extensiva y los latifundios, son los culpables del despoblamiento de Extremadura; las vacas, las ovejas y los cerdos se extienden por la Región expulsando a los hombres”.

Por todo ello no es de extrañar, que  en la segunda mitad del Siglo XIX abandonasen la Región 150.000 extremeños.

 

Es a partir de ese momento, cuando la emigración comienza a ser una constante en Extremadura, pues mientras la población seguía aumentado, las circunstancias socio-económicas, no solo no mejoraban; sino que se agravaban.

De los 44.134 propietarios que había en la provincia de Cáceres a comienzo del Siglo XX, unos  729, es decir el 1,6% poseían el 57,8% de las tierras. El Marqués de Riscal era dueño de 34.500 hectáreas, el de Castro-Serna de más de 27.000 y también superaban las 20.000 hectáreas otros muchos  Aristócratas,  todos ellos además de terratenientes no vivían en Extremadura con lo cual no pagaban sus impuestos en la Región.

 

En 1.910, el diputado por la provincia de Cáceres, Rivas Mateo, concebía la emigración como el problema más importante que tenía Extremadura:

“...Extremadura, con 15 h./km2, zona de colonización de España, que a gritos está pidiendo capital y obreros, muestra hoy una emigración tremenda y brutal, hombres en la plenitud de su vida abandonan sus hogares y marchan a las repúblicas sudamericanas, pensando quizás en la riqueza que la tierra de su pueblo oculta y que la negligencia o el exclusivismo del gran dueño o señor deja pudrirse en la tierra, sin beneficio de nadie y con perjuicio de todos...la causa más capital...son los latifundios...pero a esto añado otra no menos evidente, no menos notoria que es el absentismo de los grandes terratenientes extremeños”.

La pareja latifundismo-absentismo hacía acto de presencia en cualquier Informe o Estudio sobre la Emigración y sus causas.

Del conocimiento que las autoridades tenían de esta cuestión, da fe el siguiente Informe Regional que el Consejo Superior de Emigración daba en 1.916 sobre la situación de Extremadura:

“...Tampoco las estadísticas oficiales reflejan exactamente, ni con aproximación cercana a la verdad, lo horrible del éxodo mísero y doliente de las tierras extremeñas.

Al reseñar la emigración por puertos portugueses se insinuó algo referente a la suerte adversa de los extremeños que, hipotecando su libertad y su vida, despoblaban villas y aldeas seducidas por una ciencia de la emigración gratuita a tierras de miseria y muerte.

De los millares y millares que con idéntico negro horizonte y también en emigración clandestina han partido por Gibraltar, corresponde una proporción aterradora a las provincias de Badajoz y Cáceres.

 Una y otra fueron clientes de mayor cuantía en las levas levantadas para Panamá, Brasil, las Hawai...¡Pobre Extremadura! ¿Causas de este éxodo tan anormal que, como todos los gratuitos se nutrió de gentes verdaderamente pobres?

Lo primero que debe ser tenido en cuenta son las limitaciones de las cifras oficiales, incapaces de controlar la emigración clandestina y la salida por puertos extranjeros. La condición rayana de Cáceres hace pensar en una representatividad nada desdeñable de la salida por Lisboa u Oporto de emigrantes cacereños. El conjunto de las cifras oficiales se refieren a unos 15000 emigrantes extremeños de los cuales más del 80%  provendrían de la provincia de Cáceres. A pesar de no disponerse de datos desagregados por provincias hasta 1911, todo parece apuntar que el proceso venía in crescendo desde los primeros momentos del siglo hasta alcanzar su punto álgido antes de comenzar la Gran Guerra.

 

Según diferentes estudios, la emigración cacereña del primer tercio del siglo XX apuntaría en dos direcciones:

- Una de carácter transcontinental que tuvo en Argentina (con 9.559 extremeños) y Cuba (con 1.580)  sus referentes tal y como ocurriera con la gran mayoría de las provincias españolas.

 

- Un tercio de los cacereños que pudieron emigrar en esa época dentro de España tuvieron como destino preferente Madrid, como foco industrial y sobre todo de servicios que comenzaba a hacer competencia a los otros dos destinos tradicionales  de Cataluña y el  País Vasco.

 

Tan grave era el alcance que estaba tomando la Emigración, que hasta la misma Iglesia Católica tuvo que cambiar sus postulados sobre la propiedad y las vidas de los campesinos extremeños.

Mientras a principio del siglo XX proponía crear Sindicatos Agrícolas y Cajas Populares para hacer arrendamientos colectivos y  para impedir la usura, sin entrar a cuestionar la propiedad de la tierra y el absentismo.

En 1.921, León Leal que era el máximo representante del Catolicismo Social en Extremadura, en una conferencia que pronunció en el Ateneo de Madrid, revelo su desanimo después de llevar veinte años luchando por solucionar los problemas del campo ya que había llegado a la conclusión: “Que la simple creación  de sindicatos agrícolas no resolvía el problema; ya que los propietarios no querían ni siquiera arrendar sus tierras a estos sindicatos, a pesar de estar creados por el movimiento católico”.

Y reconocía, que el verdadero motivo de la miseria de Extremadura se debía al latifundio y al absentismo, ya que la mayor parte de las tierras eran cultivadas mediante arrendamientos por subasta, lo que suponía continuas subidas para los labradores. Por lo que consideraba: “Que se imponían unas hondas reformas en el régimen de la propiedad, ya que muchos de los males de Extremadura tenían como causa la concentración de la propiedad en pocas manos; así como la existencia de enormes masas de gente trabajadora sin propiedad alguna”.

Quien también definió muy bien cuál era la situación de los campesinos extremeños, fue el periodista del Sol, Luis Bello en 1.926 en uno de sus artículos “Viaje por las escuelas de España” en el que escribe: “Si llegamos a la plaza mayor de Brozas muy de mañana, ante de las ocho, estarán allí los braceros en grupos, esperando.

Es la feria de todos los días. A esa hora vendrá- ¡o no vendrá! El capataz del terrateniente: “ ¡Tantos hombres necesito hoy¡ ¡A tanto pago¡”.

         Y los demás a holgar, a entretener el hambre, pues en estas villas históricas abundan las familias de jornaleros sin jornal, que no comen en caliente más de treinta días al año.

        

Con esas condiciones de vida, no puede extrañar a nadie, que la Emigración fuese la única salida que tenía la mayor parte de la población extremeña, y que la misma aumentase de año en año:

 

              Si entre 1.901-1.910 emigraron 12.138 personas

              Entre 1.911-1.920 lo hicieron 18.894

              Y entre 1.921-1930 fueron 31.517 extremeños los que salieron de la Región.

La proclamación de la II República y las expectativas de la Reforma Agraria, llevo un anhelo de esperanza al campesinado extremeño.

 Bajo el Decreto de Intensificación de Cultivos y hasta las Elecciones de Noviembre de 1.933 a pesar de la resistencia de los grandes propietarios y del rigor legar para poder expropiar las fincas, fueron asentados en tierras expropiadas 34.887 campesinos,   cantidad que bajo ostensiblemente durante el Bienio Conservador, ya que solo se asentó a 2.535 campesinos.

Pero el triunfo del Frente Popular en Febrero del 36, nuevamente impulso los asentamientos, ya que como decía Luis Peña, Gobernador General de Extremadura: “El Estado revolucionario del campo no admite espera” realizándose durante su mandato del Frente Popular un total de 81.197 asentamiento de yunteros, de ellos 49.809 en la provincia de Badajoz y 31.388 en la provincia de Cáceres.

La Guerra Civil, y el aislamiento internacional a que estuvo sometida España; hicieron que durante los años treinta y cuarenta disminuyeran el hecho emigratorio, lo que  unido al aumento de la natalidad, conllevo  un aumento considerable de la población,  que supuso que en 1.959, Extremadura alcanzase su máximo de población con 1.376.000 habitantes.

A pesar de ello, en los años treinta abandonaron la Región por falta de trabajo 25.766 extremeños, invirtiéndose por primera vez la tendencia de las décadas anteriores en las que emigraban más gente de la provincia de Cáceres que de Badajoz, pues de 1.931 a 1940 emigraron 17.126 pacense frente a 8.650 cacereños.

Liquidada la Reforma Agraria de la Republica por el Franquismo, Extremadura entro en una depresión y en un atraso igual al que se encontraba en los años veinte.

En diciembre de 1.945, Franco visito la provincia de Badajoz, y en la capital afirmo: “Vengo a esta provincia porque es la que tiene más hondos problemas entre todas las provincias españolas, y vengo anunciar a estos magníficos campesinos, a estos sufridos labradores de estas pardas tierras extremeñas, que vamos a empezar la obra de su redención”, pidiendo al día siguiente en Castuera un margen de confianza y de fe para lograrla.

El día 7 de abril de 1.952 era aprobado el Plan de Obras, Colonización y Electrificación de la provincia de Badajoz, más conocido como el “Plan Badajoz”. Ese año en la provincia de Badajoz había registrados 40.229 yunteros sin tierras donde labrar y 66.567 braceros, que la mayoría de los días no podían echar un jornal con el que poder dar de comer a sus hijos.

El “Plan Badajoz”  estaba basado en  el diseñado por la Republica y  tenía como objetivo principal mejorar la producción y la renta agraria de la provincia, poniendo en regadío 105.000 hectáreas, para lo cual dotaba a la agricultura pacense de una red de electrificación y riego, a la vez que pretendía poner en marcha una industria de fabricación, transformación, y comercialización agraria, teniendo como eje principal el rio Guadiana. Así como la implantación de un tejido industrial  de 89 fábricas y siete plantas industriales a través del Instituto Nacional de Industria.

El plazo para la realización del mismo era de 14 años, de 1.952 a 1.965, pero en 1.963 se amplió hasta 1.971 y posteriormente hasta 1.975 con el Plan Zújar. Mucho tiempo para poder parar la sangría emigratoria que vivía la provincia de Badajoz.

Con la aprobación por el Franquismo del Plan de Estabilización de la Economía, que conllevo: la devaluación de la peseta, la liberalización de las inversiones extranjeras y que siguió el guion marcado para España por el Informe del Banco Mundial de 1962, que aconsejaba: Limitar al máximo las obras de colonización agraria, ya que se consideraban antieconómicas y realizar las inversiones del capital allí donde fueran más productivas.

El Régimen de Franco aposto por la potenciación de la Industrialización de Cataluña, Madrid y el País Vasco, y abandonar las regiones agrarias del interior como era el caso de Extremadura.

Ese hecho, unido a la apertura de las fronteras de Europa conllevo: Que la Emigración Extremeña rompiera todas las variables, convirtiéndose en uno de los éxodos naturales por motivos laborales más importante que se han dado en Europa en ese siglo.

 

Y es que mientras esas zonas de España se potenciaban por parte de los tecnócratas del Régimen.

Extremadura seguía siendo una Región eminentemente agrícola. En 1.960 el 73% de la población activa extremeña “trabajaba” en el sector agrario, llegando al 85% la población que directa o indirectamente dependía del campo.

         Pero el campo extremeño debido a la forma de la propiedad, pues no hay que olvidar que Franco liquido la Reforma Agraria de la Republica, y  a la débil mecanización, así como a la falta de recursos económicos.

         No podía mantener tanta población, lo que unido a la falta de industrias que pudieran absolver los excedentes de mano de obra del mismo, genero una oferta de trabajadores cuya única salida fue la Emigración.

Así, entre 1.950-1.980 salieron de Extremadura 727.783 extremeños, siendo el periodo comprendido entre 1.961 y 1.975 el que arrojo un mayor número de emigrantes, ya que el mismo dio un saldo emigratorio de 397.145 personas.

De ellos, 317.114  lo hicieron al interior, principalmente a:

Cataluña………………..……116.760

 Madrid…….………..…………97.800

 País Vasco…….………………59.498

Mientras que 80.031 lo hicieron a Europa, principalmente a:

Alemania…….……………...…30.203

Francia………….……………...21.630

Suiza……………………………..24.998

        

Pero la disminución de la inversión en el campo de la que hablaba el Banco Mundial en 1962 no afecto por igual a todas las regiones.

En enero de 1.967 el entonces Ministro de Obras Públicas, Silva Muñoz anuncio el proyecto del trasvase Tajo-Segura, por el cual una parte importante del caudal del Tajo, pasaría a regar las tierras murcianas.

Con esa medida, el Régimen Franquista volvía una vez más a castigar a Extremadura, ya que  en vez  de realizar un Plan de Regadíos para la provincia de Cáceres encaminado a disminuir la sangría emigratoria, hacia todo lo contrario, obligando incluso a emigrar hasta el rio Tajo.

Se dijo que era un capricho político del Ministro y de intereses urbanísticos de la Burguesía Franquista en el Levante.

Cuarenta años después lo del capricho político de Ministro no lo sabemos.  Lo que sí sabemos es que el agua del trasvase más que regar la huerta murciana, riega muchos campos de golf de la zona del Levante.

Aprobado el anteproyecto del trasvase, la Diputación Provincial de Cáceres, celebro el 2 de mayo de 1.968 una Sesión Extraordinaria para tratar el tema y aprobar una Moción.

La Moción presentada tenía dos partes: la primera hacia un análisis de la situación de la provincia “El proceso de empeoramiento de la provincia de Cáceres, acelerado por la transferencia de capital y población a otras provincias......lo consideramos no solo injusto desde el punto de vista social, sino falto de lógica económica a corto y largo plazo.

Podemos afirmar que jamás ha estado nuestra provincia tan preocupada y unida por un problema común, quizás porque jamás ha tenido que enfrentarse a una situación tan grave como la que se deduce del estudio del anteproyecto. Cuando por interés nacional, cuando para beneficiar a una Comunidad se causa un perjuicio a terceros, se debe indemnizar a este justamente”.

Y la segunda parte era una exposición de los proyectos y obras que reclamaban que se realizasen en la provincia como compensación al trasvase.

El grupo más importante de las mismas era las referidas a las infraestructuras viaria, entre ellas la mejora de la carretera N-521 desde Trujillo a Valencia de Alcántara.

 

En cuanto al ferrocarril, se pedía la variante del Casar y dos nuevas estaciones, Plasencia, y Navalmoral.

 

En regadíos se reclamaba la urgente terminación de las obras de la zona del Gabriel y Galán, Borbollón y Rosarito, así como el desarrollo de las obras de Valdecañas.

 

En lo referente a servicios, se solicitaba dotar de agua y saneamientos a todos los pueblos que no  tuvieran dichos servicios y mejorar  los que los   tuvieran deficiente.

 

Se pedía igualmente, se declarase a la provincia Zona de Preferente Localización Industrial-Ganadera y de Industrias, con la creación de polígonos industriales en Cáceres, Coria, Navalmoral, y Plasencia.

 

Por ultimo en educación, se solicitaba: Facultades Universitarias, Escuelas de Ingeniería, Escuelas-Hogares, 200 escuelas de párvulos, 50 de estudios primarios, así como  varios Institutos.

Aunque la moción a simple vista parecía defensora de los derechos de los cacereños.

Si se analiza con sosiego, tenía más de tapar las vergüenzas de los diputados que una clara oposición al trasvase, ya que la terminaba diciendo: “La Diputación  Provincial de Cáceres muestra una vez más su adhesión al Caudillo, no oponiéndose al anteproyecto del Trasvase.

 

El día 19 de junio de 1971, Franco firmaba la Ley 21/71 por la que se regulaba el trasvase y  las obras a realizar  en la cuenca del Tajo.

El artículo tercero recogía las mencionadas obras a desarrollar por los ministerios de Obras Publicas y Agricultura, que en lo referente a la provincia de Cáceres eran:

 

La terminación de la transformación en regadío de la zona del Alagón.

 

La construcción de la estación depuradora de aguas de Cáceres.

 

Los regadíos del Ambroz, del Jerte, del Bronco, de Torrejoncillo y Portaje, del Almonte, del Salor, y de Valdecañas, así como del potencial de posibles regadíos locales en la provincia (pero sin definir estos).

 

Estudio de las obras a realizar en la primera fase por el Consorcio Provincial de Abastecimiento y Saneamiento de Cáceres.

Pero el artículo quinto especificaba,  que los gastos que ocasionasen la ejecución de las obras, se imputarían a los créditos presupuestarios correspondientes a los programas de inversiones públicas de los Planes de Desarrollo Económico y Social para la provincia de Cáceres.

 

Por lo tanto, el Estado no aportaba ninguna partida extra presupuestaria a tal fin; ya que el coste de la obras seria  detraído del coste de otras obras.

        

Como pasados tres años,  las obras de compensación no habían comenzado, el entonces procurador a Cortes por la provincia, Sr. Martín Palomino pregunto al Gobierno en las Cortes. ¿Cuándo cumplirá la administración la Ley del trasvase Tajo-Segura?, Contestándole el Gobierno que la mayoría de las obras no eran rentables, calificándolas de antieconómicas, y por lo tanto no se efectuarían.

         El 16 de junio de 1.979 según informaban las agencias de prensa, había comenzado a funcionar de manera definitiva el trasvase Tajo-Segura, a partir de ese día las aguas del Tajo empezaban a regar las huertas y los campos del gol en el Levante.

        

En 1.980, el diputado de UCD por Cáceres, Manuel Bermejo manifestaba a la prensa: “La mayoría  de las obra y proyectos estaba sin ejecutar, de un presupuesto final de 17.581 millones de pesetas, solo se habían planificado obras por valor de 3.213 millones y solo se habían invertido 895, por lo que tan solo se había realizado el 5% de las obras comprometidas.

         En cuanto a los regadíos, de las 120.385 hectáreas que se tenían que transformar, decía que si se cumplía la programación en 1.982 tendríamos apenas 20.000, lo que suponía que a los 11 años de la Ley del Trasvase, la provincia de Cáceres tendría el 18% de los regadíos prometidos”.

 

         Casi 30 años después, el 14 de octubre de 2008, el Sindicato  de Regante del Trasvase Tajo-Segura presentaba en el Congreso de los Diputados,  120.000 firmas contra la propuesta de caducidad del trasvase incluida en el proyecto de modificación del Estatuto de Castilla- La Mancha.

Uno de los regantes asistente a la concentración en las Puertas del Congreso, declaraba a los medios de comunicación: “Sin el trasvase Tajo-Segura tendríamos que marchar a otras partes de España o Europa, como tuvieron que hacer muchos murcianos, que gracias al agua del trasvase han podido volver a su tierra”.

 

Como se ve, una vez más Extremadura volvía a ser la Cenicienta de España y los extremeños los que sufrirían en sus propias carnes el sin sentido de una política que para desarrollar y proyectar la imagen turística de la Zona del Levante, no le importaba dejar a nuestra Región hundida y despoblada.

La crisis económica de finales de los setenta, unido a la esperanza que se habría en  el Pueblo Extremeño con la aprobación de su Estatuto de Autonomía, y el desarrollo que el mismo podía suponer para la Región,  supuso un pequeño parálisis de la emigración, y como consecuencia una disminución del número de extremeños que abandonaban la Región.

En definitiva, durante todo el Siglo XX, un total de 1.019.434 extremeños salieron de la Región para comenzar una nueva vida por todos los puntos de España y diferentes países de Europa principalmente.

Lo que conllevo,  que al terminar el siglo casi la mitad de los extremeños vivían fuera de la tierra que les vio nacer: EXTREMADURA.

La emigración ha tenido para Extremadura unas repercusiones socio-económicas de una gravedad incalculable según los estudios realizados por sociólogos y economistas

Pues los emigrantes extremeños eran generalmente personas en edad de trabajar, con lo cual la Región perdió uno de sus bienes más apreciado y productivo que un Pueblo puede tener “su capital humano”.

Hecho este,  que conllevo  a un  estrangulamiento de su desarrollo productivo, y a la vez a una sociedad con una Pirámide de Edad invertida.

Otro de los hechos más negativo y no menos importantes, que ha supuesto la emigración, es que “Extremadura esta despoblada”.

Mientras la densidad de España era en 2010 de 93,5 habitantes x kilómetro cuadrado. En Extremadura era de 26,6, casi la cuarta parte menos.

Habiendo comarcas, como la de Brozas-Alcántara en la provincia de Cáceres, que no es que estén despobladas, sino que según la definición de la UNESCO, están desiertas. Ya que solo cuenta con una densidad de 6,8 habitantes x kilómetro cuadrado.

Como decíamos anteriormente, otro de los hechos más negativo que ha supuesto la emigración, es que la formación de su Pirámide de Edad se encuentra invertida, ya que su extremos están formados por un gran grupo de menores (14,3%), y personas mayores de 65 años (25,8%), lo que conlleva, una población activa muy reducida, a pesar de lo cual el número de parados en Extremadura era en el 2010 el 27,8%, lo que suponía 7,5 puntos por encima de la media nacional.

Y el Producto Interior Bruto per-cápita era en 2010 con 16.828 euros, el más bajo de España, y casi la mitad de el del País Vasco que era el más alto.

Por todo ello, de producirse una nueva recuperación económica en España podía provocar una nueva corriente emigratoria, que acabaría por hundir definitivamente a muchos pueblos extremeños.

Según el estudio “Proyección Demográfica 2013-2023” realizado por la Universidad de Extremadura, las únicas ciudades que aumentaran su población en dicho periodo serán: Badajoz, Mérida, Cáceres, D. Benito y Plasencia.

Mientras que el resto de las comarcas perderán habitantes, algunas con unos altos porcentajes como:

Las Villeras y Los Ibores el 15,8%

La Sierra de San Pedro el 12,2%.

La Siberia el 11%.

O la Comarca Tajo-Salor que perderá el 10,4%.

Y es que, mientras en la última década del Siglo XX y primera del Siglo XXI, Extremadura alcanzo en el ámbito socio-económico un amplio desarrollo. En el campo productivo, sigue estancada y casi manteniendo la misma estructura productiva de hace cincuenta años.

No habiendo sido capaz de crear un tejido industrial y productivo, por ejemplo agro-ganadero capaz de dar trabajo a su población activa, y por lo tanto de frenar una nueva emigración.

El caso especial de la Comunidad de Madrid.

Madrid, al ser la capital del Estado y por su cercanía relativa a Extremadura, de siempre constituyo un lugar preferente para le Emigración Extremeña. Si bien es a partir de 1.866 con la puesta en servicio de la línea ferroviaria Madrid-Badajoz por Castuera, y en 1.881 con la inauguración de la línea Madrid-Lisboa por Cáceres, cuando Madrid se constituye en el destino preferido de los extremeños que se ven empujados a emigrar.

Así, en 1.930,  el 2,3% de la población de Madrid capital procedía de Extremadura o lo que es lo mismo, como Madrid tenía en esas fechas unos 893.223 habitantes, significa que ya por entonces unos 20.000 extremeños vivían en Madrid.

         Pero la gran riada de extremeños hacia Madrid coincide como no podía ser de otra forma, con el gran éxodo emigratorio que sufre Extremadura entre los años 1.955 y 1.975.

 De los 317.114 extremeños que emigraron en ese periodo al interior de España, unos 100.000 lo hicieron a Madrid, principalmente motivado por el gran auge industrial que experimento la Región en aquellos años.

         Los barrios obreros periféricos que surgieron en torno al Centro de Madrid: El Pilar, Moratalaz, Aluche, etc., así como otros más antiguos: Villaverde,  Puente de Vallecas, Carabanchel, etc., se llenaran de emigrantes extremeños.

         Sin embargo, otra gran  mayoría de emigrantes no se establecerán en la capital, sino que lo harán en los municipios del cinturón industrial, por estar en estos la vivienda más barata, formándose así las llamadas ciudades dormitorios.

         Madrid que en 1.960 tenía solo dos municipios que sobrepasaban los 25.000 habitantes:

Aranjuez…………………………….27.751

Alcalá de Henares………….…..25.123

Pasará en 1.975 a tener  cinco municipios con más de 100.000 habitantes:

Leganés…………………………....136.990

Getafe……………………………...116.523

Alcorcón…………………………..112.493

Móstoles…………………………..106.420

Alcalá de Henares………………101.416

En 1.981 y según un estudio realizado por el Ayuntamiento de Alcorcón, en la Comunidad de Madrid vivía un colectivo de 272.633 extremeños, el 34% del total de la emigración extremeña del momento.

Los tres distritos de Madrid capital con mayor número de extremeños eran:

Villaverde…………………….……16.271

Carabanchel……………………..15.977

Latina…………..………………….15.598

Y en cuantos a los cuatro municipios, que contaban con más extremeños entre su población, eran:

Leganés……………………………..19.037

Móstoles……………………………15.063

Alcorcón……………………………11.528

Getafe…………………………….…10.985

Quince años más tarde, en 1.996 en la Comunidad de Madrid vivían 252.601 extremeños, lo que suponía el 5% de su población.

En Madrid capital con un censo de 2.866.850 habitantes, los extremeños empadronados eran 120.697, siendo los distritos con mayor número:

Latina…………………………..………….12.989

Puente de Vallecas……………..…..12.955

Carabanchel………………..…….…….12.173

Villaverde…………………………..………9.825

El Pardo-Fuencarral……...……………8.120

Y en cuanto a las ciudades que superaban los 5.000 extremeños entre sus vecinos eran:

Leganés………………..….……….16.779

Móstoles…………….…..…………..16.073

Fuenlabrada………………………..13.966

Getafe………………………………….12.755

Alcorcón……………..…..…………..10.730

Alcalá de Henares……….…..……10.590

Torrejón…………….…..………………5.674

Parla………………….....………..……..5.520

Y al comenzar el Siglo XXI, la emigración extremeña alcanzaba en la Comunidad de Madrid 239.792 personas, lo que suponía el 4,4% de sus habitantes

De ellas 109.047 vivían en la capital y el resto 130.745 por toda la geografía regional, según recoge en el anexo.

Una vez más los distritos de la capital con mayor número de extremeños eran:

Puente de Vallecas…….……………11.650

Latina………………………..…….………11.613

Carabanchel…………………...……….10.558

Villaverde…………………………………..8.864

El Pardo-Fuencarral………………...…7.331

E igualmente las ciudades con mayor número de emigración extremeña seguían siendo:

Leganés……………..……………….15.406

Móstoles………………………….…15.300

Fuenlabrada…………………..…….13.945

Getafe………………………………….11.963

Alcorcón…………………….…………10.483

Alcalá de Henares…………..……….9.981

Parla………………….………………..…..5.516

Torrejón…………………………………..5.457

Si tomamos como referencia el Estudio realizado por el Ayuntamiento de Alcorcón antes mencionado, podemos tener una radiografía  sobre la emigración extremeña asentada en la Comunidad de Madrid.

Alcorcón que fue el municipio español con mayor incremento demográfico entre los años 1.960 y 1.975, es un fiel reflejo de lo que la emigración extremeña representa en la Comunidad de Madrid.  Como hemos expuesto anteriormente en ese tiempo había entre su población 11.528 habitantes que habían nacido en Extremadura, lo que suponía un 8,5% de su población, si bien los que tenían alguna relación con Extremadura (parejas, padres, etc.) alcanzaban la cifra de 22.650, el 17,4% del total del censo.

Los motivos por lo que eligieron Alcorcón para vivir fueron:

  • El 53% porque la vivienda era barata.
  • El 30% porque allí vivía algún familiar o amigo.
  • Y el 17% por encontrarse en la carretera de Extremadura.

Las edades de los extremeños que vivían en Alcorcón eran:

  • El 46% tenía entre 35 y 50 años.
  • El 31% tenía entre 20 y 35.
  • El 17% tenis entre 50 y 65.
  • Y el 6% tenía más de 65 años.

En cuanto a los motivos por los que habían emigrado fueron:

  • El 70% por falta de trabajo.
  • El 3% por rechazo al trabajo en el campo.
  • El 1% por los estudios de los hijos.
  • Y el resto, por diferentes motivos.

El trabajo que estaban desempeñando en Madrid era:

Mujeres:

  • El 91% eran ama de casa.

Hombres:

  • El 29% trabajaba en los servicios.
  • El 27% lo hacía en la construcción.
  • El 20% en la industria.
  • El 12% en la administración.

Y en lo referente al nivel de estudio, también había una diferencia según fuese hombre o mujer.

La tasa de analfabetismo era:

  • El 5% entre hombres
  • Y el 6% entre mujeres.

Solo sabían leer y escribir:

  • El 74% de los hombres.
  • Y el 82% de las mujeres.

Tenían estudios de E.G.B., Bachillerato o FP:

  • El 17% de los hombres.
  • Y el 11% de las mujeres.

Y poseían estudios de Grado Medio o Superior:

  • El 4% de los hombres.
  • Y el 1% de las mujeres.

        

          Analizando los datos anteriores,  vemos que el gran grueso de la emigración extremeña estaba en plena vida laboral cuando emigraron,  lo que quiere decir, que de Extremadura salieron principalmente aquellos que estando en edad de trabajar no encontraban un puesto de trabajo en la Región, de ahí que el 70% de los encuestados manifestaran que el motivo de haber emigrado era debido a la falta de trabajo.

         Igualmente, la emigración era un reflejo de la sociedad extremeña de la época,  ya que el 91% de las mujeres eran amas de casas, así como el bajo nivel de conocimiento de los extremeños, solo el 17% de los hombres y el 11% de las mujeres tenían estudios primarios, bachiller o Formación Profesional, hecho este que va a tener una gran incidencia en los puestos de trabajo que ocuparan en Madrid.

          Ello unido a que la gran mayoría procedía del campo, va a dar lugar a que el grueso de los emigrantes extremeños ocupen generalmente  puestos  bajos de la escala laboral. La demanda de viviendas existente en aquellos momentos, conllevara que un gran número de extremeños encuentre su puesto de trabajo directamente en la construcción o en empresas auxiliares de esta, como Uralita.

         Otros sin embargo, encontraran trabajo en la industria que por aquellos años florecía en Madrid: Pegaso, Barreiros, Kelvinator, etc., contaran en todas sus secciones y sus cadenas de producción con trabajadores extremeños. Siendo estos generalmente muy bien valorados tanto como personas por sus compañeros, como trabajadores por sus jefes.

                           Dice el escritor extremeño, Victor Chamorro en el Tomo VI de su “Historia de Extremadura”, que hay cuatro grandes grupos de emigrantes extremeños.

                           Aquellos que el nombre de Extremadura les produce un sentimiento de olvido cuando no de activo rechazo.

                           Son aquellos que consideran que Extremadura les expulso sin conmover el gesto. Sin embargo no han racionalizado que fuerzas le obligaron a marchar ni quieren discernir las causas últimas de la Emigración.

                           Experimentan una sutil vergüenza en proclamar que son extremeños, paro a la vez tienen a Extremadura en el subcociente, pues la necesitan para mantener vivo una especie de rencor por lo que para ello representa.

                           Este grupo no volvería a la tierra aunque le surgiera la posibilidad, ya que supondría el reencuentro con un pasado a enterrar, y si lo hacen van por su pueblo exhibiendo el nuevo statu social que ha conseguido.

                           Otro grupo, es aquel que proclama siempre su origen con cierto orgullo agresivo y una susceptibilidad a flor de piel, siempre en guardia ante algún comentario peyorativo.

                           Estos extremeños probablemente no han tenido la oportunidad de profundizar y aprender las contribuciones de Extremadura al enriquecimiento de la cultura común de los pueblos de España. Y aunque es verdad que mucho se ha discriminado a Extremadura con tópicos y frases despectivas, no se pueden combatir las descalificaciones con descalificaciones.

                           Pero hay que dejar claro que la historia de Extremadura no comienza ni termina con Cortes y Pizarro. Ni que la historia del pensamiento del arte y del desarrollo económico español no serían lo que son, sin la aportación extremeña.

                           El tercer grupo, es el formado por aquellos que emigraron voluntariamente, generalmente integrado por una clase social rentista o profesional, que viviendo aceptablemente en Extremadura marcho de ella para escalar socialmente.

                           No aceptan el calificativo de emigrantes, y visitan Extremadura con mentalidad de elite a la que les rebala la problemática de su tierra por considéralas localista. No guardan respecto a Extremadura, ni recelo, ni ánimo reivindicativo alguno.

                           Para ellos Extremadura es la parcela de su pueblo, el chalet, la casona paterna sin más connotaciones. Aman la tierra, pero haciendo abstracción de los hombres que la habitan y de sus problemas. Dirán si se les aprieta, que Extremadura no tiene remedios, que la problemática extremeña es normal al subdesarrollo de cualquier territorio. Y parece como si no sintieran que ese territorio es el suyo.

                           Por ultimo dice Victor que: “Existe, y cada dia en mayor número, el emigrante que ya ha absuelto a su tierra, a la que considera víctima de comunes verdugos”.

                           Es consciente de que no hay una Extremadura sino tres, y que la Extremadura de los que aún mantiene la tierra se encuentra en situación de desarraigo y carencias por el cinismo de la tercera Extremadura: Minoritaria, tridentina, imperial y reaccionaria, integrada por los avarientos de la Tierra, del ahorro, y de las materias primas.

                           Este emigrante sabe ya que la tercera Extremadura, en connivencia con la oligarquía vendió la región, sus recursos y sus hombres, aun capitalismo que en Extremadura nunca se manifestó mínimamente razonable.

                           Emigrante que conoce muy bien donde se encuentra el enemigo, revindica soluciones, se reúne en congresos, intente coordinase y cuando visita su pueblo de origen siembre en él una rebeldía saludable.

                           Emigrante curtido en la lucha y en la solidaridad trabajadora que puede aportar su experiencia al Proyecto de una “Extremadura Única”, más justa y más libre de la que nadie tenga que volver a marcharse, si no es por voluntad propia.

         

ANTONIO ELVIRO ARROYO

        

        

        

        

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