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Carolina Coronado Romero de Tejada

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CAROLINA CORONADO ROMERO DE TEJADA

Carolina_Coronado,_por_Federico_de_MadrazoCarolina Coronado Romero de Tejada (Almendralejo, 12 de diciembre de 1820 -Lisboa,15 de enero de 1911) fue una escritora española, autodidacta y con una gran sensibilidad, considerada como la equivalente extremeña de otras autoras románticas coetáneas como Rosalía de Castro y autora de tal notoriedad que la llegarían a comparar con Bécquer, además de una virtuosa del piano y del arpa. Fue tía de Ramón Gómez de la Serna. Publicó en 1843 un tomo de Poesías, reeditado en 1852. Escribió también novelas y obras teatrales con predominio de tema históricos y compromiso social.

Hija de Nicolás y María Antonia, nació en 1820 en el seno de una familia acomodada de Almendralejo (Badajoz) pero de ideología progresista lo que provocó que su padre y su abuelo fueran perseguidos. Fue la tercera de ocho hermanos a quienes dedicó numerosos poemas, especialmente a Emilio. Tras mudarse a Badajoz, capital de la provincia, con cuatro años debido a que su padre comenzó a trabajar de secretario en la Diputación, Carolina fue educada en la forma tradicional para las niñas de la época: costura, labores del hogar, etc. pese a lo cual, ya desde pequeña mostró su interés por la literatura y comienza a leer, robando horas al sueño, cualquier género u obra que puede conseguir. Por ello desarrolló una extraordinaria facilidad para componer versos con un lenguaje algo desaliñado e incluso con errores léxicos y ortográficos, pero espontáneo y muy cargado de sentimiento, motivado por amores imposibles entre los cuales destaca Alberto de quien se duda si realmente llegó a existir. Sus primeros poemas datan de la temprana edad de 10 años.

Llevó una vida revolucionaria ya que, en 1838, en plena guerra civil, Carolina Coronado emprendió con entusiasmo el bordado de una bandera para un batallón creado para defender el trono de Isabel II. Participó también en la campaña contra la esclavitud, llegando a ser, con Concepción Arenal, del cuadro dirigente de la Sociedad Abolicionista de Madrid. En 1868 se fechan los versos A la abolición de la esclavitud en Cuba, poesía que provocó un escándalo político al ser declamada en público el 14 de octubre, poco después de estallar la Revolución del 68, con la que simpatizaban Carolina y su marido.

La afección de catalepsia crónica que padecía posiblemente contribuyó a su temperamento romántico, llegando a "morir" varias veces, lo que hizo que se obsesionase con la idea de poder ser enterrada en vida, hasta tal punto que embalsama el cadáver de su marido, negándose a enterrarlo e incluso dirigiéndose a él con el apelativo de "el silencioso" y "el hombre de arriba". Incluso tiene varias "premoniciones" en las que anticipa el fallecimiento de su hija. En una de estas “falsas muertes”, que fue publicada en 1844, Carolina escribe Dos muertes en una vida, que se publicaría tras su fallecimiento. Ya entonces había sido admitida en el Instituto Español y en casi todos los Liceos de España.

Cuatro años más tarde, en 1848, una enfermedad nerviosa la deja medio paralítica en Cádiz y los médicos le recomiendan tomar aguas cerca de Madrid, por lo que traslada su residencia a la capital. Se casa en Madrid a los veintiocho años, con Justo Horacio Perry, secretario de la embajada de EE. UU. en Madrid. Tuvo un hijo, Carlos, y dos hijas, Carolina y Matilde sobreviviendo esta última a sus dos hermanos.

Era amiga de la reina Isabel II la cual obligó al marqués de Salamanca a que vendiera a Carolina un trozo de su finca y allí se construyó un palacete en lo que hoy es la calle Lagasca. Siendo ella revolucionaria, su residencia madrileña se hizo famosa por las tertulias literarias que en ella se realizaban, ya que sirvió como punto de encuentro para escritores progresistas y refugio de perseguidos, llegando a asistir algunos de los más renombrados autores del momento, como Emilio Castelar. Sin embargo, este refugio clandestino, y su afinidad por la revolución, causarían que sufriese la censura de la época. Pese a ello, logró publicar algunas de sus obras en periódicos y revistas hasta lograr cierta fama.

Al llegar las revoluciones se van a vivir a Lisboa, al palacio de la Mitra, en Pozo do Bispo, población próxima a Lisboa, a pesar de haber perdido Horacio toda su fortuna que tenía invertida en el tendido del cable submarino de comunicaciones que uniría Estados Unidos con Europa.

Falleció en 1911 y como su hija Matilde, que murió poco después, no tuvo descendencia, todas sus pertenencias, escritos, muebles, etc. del palacio pasaron a la familia de Torres Cabrera, hoy conde de Canilleros. Está enterrada en el cementerio de Badajoz.

Carrera literaria.

Las primeras composiciones de Carolina son poesías. La primera de ellas que fue publicada en dos diarios se titula “A la palma”. Desde entonces, consiguió materializar una vocación que se manifestó de forma temprana. El entorno familiar y social no le facilitaron el camino, debido a que su familia era de ideología progresista por lo que eran perseguidos, y a que fue criada bajo los valores de la época, en los que escribir no estaba incluido. Su empeño personal contrasta con la debilitada fortaleza física, que a veces le hace renunciar a su deseo más profundo; dualidad que encaja muy bien con el perfil romántico.

La literatura fue para Carolina un oasis donde refugiarse de su naturaleza enfermiza, contando también con varias depresiones de carácter nervioso a lo largo de su vida, agravadas por las pérdidas de sus hijos. Sin embargo, detrás de esta imagen de mujer débil y delicada se esconde una dilatada existencia con gran fortaleza latente, que le permitió desarrollar una respetable carrera.

Harztenbusch, quien fue un buen consejero y maestro, fue muy receptivo a los trabajos que presentó Carolina. Se tomó muy en serio su trabajo y le hace recomendaciones y correcciones que le sirven de gran ayuda en su trayectoria. Fue su principal sostén y apoyo. Prologó el volumen de poesías escrito por la poeta extremeña y esta le dedicó la obra “La voluntad demostrada de escribir la introducción”.

Aparte de Harztenbusch, otros escritores de la época como Donoso Cortés, Bretón de los Herreros, Martínez de la Rosa recibieron con los brazos abiertos a Carolina Coronado en el mundo de las letras. Le dedicaron poesías y gratos juicios, sin perder de vista el tono condescendiente del que a veces hicieron gala. Como respuesta a esta gran acogida, Carolina pudo participar y fue bien recibida en instituciones como el Liceo Artístico y Literario de Madrid y le invitaron a participar en homenajes de poetas y escritores contemporáneos. Pero, a pesar de ello, también se dejaron oír comentarios peyorativos que tildaban a la escritora de pedante.

Aunque su primera incursión en el mundo literario fue a través de la lírica, Carolina Coronado no dudó en adentrarse en otros géneros que revelan la versatilidad de su espíritu. Algunas de sus obras en prosa se publicaron por entregas en semanarios y periódicos. Su producción literaria fue diversa: novelas, como Jarilla, Paquita, Adoración, Luz; La Sigea, La rueda de la desgracia, Manuscrito de un Conde, El Oratorio de Isabel la Católica y la inacabada Harnina; obras como Los genios gemelos. Primer paralelo: Safo y Santa Teresa de Jesús, Un paseo desde el Tajo al Rhin, Descansando en el Palacio de Cristal, Galería de poetisas contemporáneas, España y Napoleón y Anales del Tajo corresponden a sus ensayos. También se conocen algunos títulos de obras teatrales que se estrenaron como El cuadro de la Esperanza. Narrativa epistolar y otros artículos completan la producción de Carolina Coronado.

Liceo de Madrid

El Liceo Artístico y Literario de Madrid fue fundado por José Fernández de la Vega en 1838. Este círculo artístico surgió con el interés de fomentar las letras y las Bellas Artes. En las Constituciones del Liceo no se negaba la participación de las mujeres, es más podían ser admitidas como facultativas en las diferentes secciones y acudir a las sesiones que organizaba la institución.

Este fue el escenario que acogió los primeros pasos literarios tanto de Carolina Coronado. Carolina Coronado realizó su primer viaje a Madrid en 1848, para entonces ya se había publicado su primer volumen de poesías. La acogida calurosa que le ofrecieron los miembros de este círculo artístico tuvo como consecuencia una improvisada respuesta con un poema titulado “Se va mi sombra, pero yo me quedo. A mis amigos de Madrid”. Sus sentidas y agradecidas palabras quedaron reflejadas en dicha composición que se publicó en La España el 25 de septiembre de 1848.

Cartas a Juan Eugenie Harztenbusch

Esta correspondencia se inició en 1840 y se prolonga hasta 1849. En estas cartas se muestra un testimonio personal que nos permite conocer las dudas e inquietudes de Carolina, que plasma sus sentimientos y emociones personales, y reflexiona sobre otros asuntos que trascienden lo meramente lírico. A pesar de la ayuda y el apoyo que le prestó su maestro, a quien van dirigidas estas cartas, Carolina muestra su desánimo. Debido a su carácter revolucionario, tuvo varios problemas a la hora de publicar sus escritos, pero a partir de la segunda mitad del S XIX, la corriente intelectual femenina fue afianzándose.

En ellas se nos da a conocer el talante de la escritora y también otros aspectos que nos ilustran acerca de la sociedad de la época. En varias ocasiones se queja de su falta de instrucción y de dedicar gran parte de su tiempo a labores propias de su sexo (como inculcaban los valores de la época en la que vivía).  Sin embargo, sus ganas de aprender le llevaron a la enseñanza a manos de ella misma, aprendiendo así sola francés e italiano, pudiendo así leer los clásicos de su época.

La formación e instrucción que una joven recibía a mediados del siglo XIX era muy limitada, orientada a lo que se denomina “cultura del adorno”. Sin embargo, gracias a la presión de algunos, se publicaron manuales de instrucción y revistas femeninas. En estas cartas también Carolina aprovechaba para pedirle consejo a su amigo para completar su formación.

A pesar del reconocimiento y del apoyo que le dedica Juan E. Hartzenbusch, la sociedad no estaba preparada para asimilar el deseo de ciertas mujeres de colarse en ámbitos marcadamente masculinos. El espacio femenino estaba reducido a lo doméstico y a lo familiar. Carolina Coronado, a pesar de su vocación y predisposición para las letras, no deja de formar parte de este paradigma.

Obra

La producción más importante de Coronado es la poética. Sus poemas fueron recogiéndose poco a poco en revistas, y más tarde, en 1843, se recopilaron en un volumen (Poesías) con prólogo de Hartzenbusch. En las posteriores ediciones de 1852 y 1872 se incorporaron nuevos poemas. Sin embargo, hasta hace poco no se ha podido conocer la totalidad de su obra. Poemas como "La rosa blanca", "Tú eres el miedo", "Se va mi sombra, pero yo me quedo" y "El amor de los amores", serían recordados como sus mejores obras.

En prosa escribió un total de quince novelas, a destacar Luz, El bonete de San Ramón, La Sigea, Jarrilla, La rueda de la desgracia y Paquita, esta última considerada por algunos críticos como la mejor de todas.

También escribió obras teatrales como El cuadro de la esperanza (1846), Alfonso IV de León, Un alcalde de monterilla y El divino Figueroa, aunque solamente logró estrenar la primera. El cuadro de la esperanza fue su obra más popular.

Influencias recibidas

Carolina Coronado se dedicó desde muy joven no sólo a la composición de sus propios versos, sino a la lectura de importantes autores, en los que ella se apoyó y se inspiró ya que fue autodidacta. Le apasionó la lectura de Tarso, Petrarca y Lamartine y tradujo sus obras italianas al español. Además, tenía entre sus páginas favoritas las de la obra de Santa Teresa, Fray Luis de León, Garcilaso, San Juan de la Cruz, Menéndez Valdez y otros, y aprendiendo de todos ellos.

Obras

Desde el punto de vista temático, su obra es muy diversa: la contemplación e interpretación subjetiva de la naturaleza, el amor, la religión, el compromiso cívico, social e incluso político, y sobre todo el feminismo, que es uno de los motivos más personales y constantes en su obra. La producción dramática de la autora no es muy amplia. Se conocen algunos títulos (El divino Figueroa, Petrarca, Un Alcalde de Monterilla y Alfonso IV de León), pero ninguna constancia de su edición. Por otras fuentes, no obstante, sabemos que se llevaron a escena, como las páginas dedicadas al rey leonés, cuyo estreno tuvo lugar en Badajoz. Debió trabajar en ella entre 1847 y 1848 y también se llevó a escena en los salones de El Liceo Artístico y Literario de Madrid el 16 de enero de 1849 con la presencia de SS.MM la reina, el Rey y la Reina Madre con motivo de la entrega de premios. Es, asimismo, significativo el compromiso de generosidad que muestra Carolina Coronado hacia los más débiles. No sólo destinó el beneficio de su primer libro a una escuela de párvulos, sino que “Hice también el papel de Elena en el cuadro de la Esperanza (por lo que fui coronada en este Liceo) en beneficio de los párvulos y a estos pienso socorrer nuevamente si alguna retribución hallo en mis tareas”.

Otro de los ensayos que escribió Carolina Coronado es este de Los genios gemelos: Safo y Santa Teresa cuya publicación tuvo lugar en el Semanario Pintoresco Español. Obra controvertida por la elección de las dos figuras: Santa Teresa de Jesús y la poetisa de Lesbos, Safo. Tanto la elección de las dos figuras como las reflexiones que vierte, le sirven a Carolina como contrapunto para proclamar sentimientos más allá de la preocupación literaria.

Alfonso IV de León

El divino Figueroa

La exclaustrada

Un alcalde de monterilla

Luz

El bonete de San Ramón

Poesías (1843)

El cuadro de la Esperanza (1846)

Paquita. La luz del Tajo. Adoración (1850)

Jarilla (1851)

Páginas de un diario. Adoración (1851)

El siglo de las Reinas (1852)

La Sigea (1854)

¡No hay nada más triste que el último adiós! (1859)

España y Napoleón(1861)

La rueda de la Desgracia. Manuscrito de un Conde (1873)

A un poeta del porvenir (1874)

Vanidad de vanidades (1875)

Anales del Tajo. Lisboa. Descripción en prosa (1875)

El cuadro de la esperanza (1846)

El cuadro de la esperanza es una pieza teatral. La comedia, de final feliz, presenta a dos personajes femeninos, Esperanza y Elena que le dan pie a la autora a verter alguna reflexión sobre la condición y el destino femeninos. Esperanza, hermana de Miguel Ángel Buonarotti, conseguirá el amor deseado, después del desafío que lanza su afamado hermano: dos pintores cautivados por la joven deberán retratarla y el que manifieste mayores dotes conseguirá su triunfo. El destino se alía con Esperanza. Elena enamorada en secreto del Buonarotti finalmente consigue su propósito.

Paquita, La luz del Tajo, Adoración (1850)

Paquita y Adoración se publicaron conjuntamente, siendo ambas novelas históricas. Pero mientras Paquita se ambienta en la corte portuguesa renacentista, Adoración tiene un desarrollo temporal más inmediato. En Paquita, Carolina Coronado urde una ficción narrativa entre la dama portuguesa doña Francisca de Ovando, Paquita, y el poeta luso Sá de Miranda, cuya obra conoció Carolina. La triste historia de Paquita la convierte en una mujer sin voluntad y dominada, cuya vida tiene un final trágico. En Adoración, el personaje femenino de la novela, permite a la escritora reflexionar y denunciar la crueldad de las relaciones sociales y el peso de ciertas modas y convencionalismos. Es una de las novelas más conocidas de Carolina Coronado, se publicó en 1850 y tuvo una rápida acogida y difusión. En la nota preliminar dedica la obra a sus tíos Francisco y Pedro Romero. Sobre un entramado histórico en el que sobresalen Juan II y sus hermanos y don Álvaro de Luna, sin una obediencia estricta a la fidelidad, según las propias palabras de la autora, se deslizan los amores incomprendidos entre Román, doncel de Juan II, y su amada, la mora Jarilla. La novela se divide en cuatro partes. En la última se produce el desenlace con la muerte de los dos jóvenes. Más allá de este relato histórico-romántico, la autora aprovecha para reflexionar sobre la situación política de la época.

La Sigea (1854)

La novela de ambiente histórico La Sigea fue publicada por primera vez en el Semanario Pintoresco Español en varias entregas, con una dedicatoria a la señorita doña Natalia Falcón, prima de la autora. La novela comenzó a escribirla en 1849 y la concluyó cuatro años después, tal y como explica en el prólogo. La publicación en libro (2 volúmenes) se retrasa hasta 1854. Carolina Coronado rescata para su novela a Luisa Sigea, humanista del siglo XVI que pasó parte de su vida en la corte portuguesa al servicio de la infanta doña María. La elección de esta etapa histórica, Edad de Oro cultural, se podría explicar por la conexión de la escritora con el liberalismo decimonónico que no dudó en ensalzar este período. La decisión de Carolina Coronado de enfrentarse a una novela histórica se ajusta a la estética literaria del momento por ser un género eminentemente romántico, Asimismo, algunos autores, señalan que el personaje de Luisa Sigea le sirve para hablar de múltiples aspectos que inquietan a la escritora.

La rueda de la desgracia, Manuscrito de un Conde (1873)

La rueda de la desgracia es una novela de ambientación contemporánea cuyo título no deja de ser un trasunto metafórico que permite a la autora verter opiniones y críticas acerca de ciertas prácticas y costumbres perniciosas, además de no dejar de lado la situación política que está viviendo España en esos momentos. El subtítulo nos presenta al Conde de Magacela, protagonista junto a Ángela, que termina en un convento para redimir su pena por su ruina personal y la causada a la familia por su afición al juego de la ruleta.

Reconocimiento de la autora.

No siendo en su época bien reconocido que una poetisa publicase sus obras, Carolina se hizo paso en el mundo literario recibiendo por ello varios reconocimientos. Por ejemplo, en el artículo “En honor de una extremeña” se recopilan todas las repuestas publicadas en distintos semanarios en relación con la propuesta que promueve Nicolás Díaz y Pérez en una carta que dirige a don Manuel Balmaseda, presidente de la Diputación Provincial de Badajoz. Dicha iniciativa no es otra que homenajear a Carolina Coronado, que vive en esos momentos en su retiro de Lisboa. El deseo no es otro que coronar a la poeta extremeña como antes lo habían sido otros poetas: M. José Quintana, Lista, José Zorrilla. Este último reconoció el mérito de Carolina tras leer unos emborronados endecasílabos suyos en una de las sesiones del Liceo Madrileño.  Sin embargo, Carolina Coronado, lejos de aceptar tan honroso homenaje, manifestó su más profunda negativa, dirigida al mencionado Sr. Díaz y Pérez.

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